Desafección a la bolsa española

Ayer el periódico Expansión publicaba otro de sus artículos en letra pequeña que quiero compartir por su itnerés público, por la relevancia de los ponentes en la 17ª Conferencia anual mercados de capitales.

El artículo destaca que el presidente de la CNMV, Carlos San Basilio, lamenta la ausencia de salidas a bolsa en el parqué español. En este sentido, Juan Flames, consejero delegado de BME, aclara que el capital privado no está financiando la capacidad productiva de las empresas españolas —como sí ocurre en EE. UU.—, sino que «ahora hay cerca de 3 billones de euros en depósitos que no llegan a la economía productiva ni generan riqueza a los particulares», beneficiando únicamente a la banca quien además los remunera a tipo cero.

Tras dos años siendo este dato portada en los principales periódicos y con la banca obteniendo beneficios récord, sorprende que el tema siga siendo motivo de asombro, y más aún que tenga recorrido para rato. ¿Es que algo no funciona o es que no hay confianza en las empresas españolas? ¿Casos como los de Telefónica, Grifols, Iberdrola, BBVA, Santander y un largo etcétera, no ofrecen indicios más que suficientes sobre las causas?.

El texto señala que, respecto a la actividad de los Internalizadores Sistemáticos (IS), la regulación es «tímida». Estos actores, grandes bancos y brókers, se benefician de la formación de precios de los mercados tradicionales y juegan con ventaja. Para quienes desconocemos la terminología técnica, el mensaje es claro: los precios no son transparentes. En un afán de éstos por desvirtuar el mercado —recordemos, por ejemplo, el caso del IRPH de CaixaBank—, ejecutan órdenes internamente, fuera del mercado centralizado. Aunque la normativa MiFID II intentó limitar este tipo de operativas, su auge es una tendencia que debilita el sistema. En otras palabras, cuando el inversor cree que compra a un precio con un spread determinado, no siempre es así, debido a la manipulación del precio de la acción y de los costes asociados.

También se quejan del papel limitado de los fondos de pensiones cuyo régimen tributario ha sido modificado hasta la saciedad por el Gobierno, siempre a favor de grandes bancos y aseguradoras.

Asimismo, se ha lamentado que la Bolsa española pierde peso relativo frente a la economía debido a la escasez de debuts bursátiles y a la baja participación de los inversores particulares. Me atrevo a intuir que tras casos como la quiebra del Banco Popular o la venta indiscriminada de «acciones preferentes» y otros instrumentos de alto riesgo a los pequeños inversores, estos prefieren mantener su «saldo a la vista». Los más jóvenes ya abandonaron el parqué español hace tiempo y estos no van a volver seguro.

Finalmente, resalto otra frase del artículo que probablemente pase a la posteridad: «No debemos despreocuparnos de la importancia de la integración vertical y de la importancia de la negociación en los mercados». Es decir, que las entidades que agrupan el mercado y fijan el precio de la acción (desvirtuado) no solo actúen a nivel transaccional, sino también en otros niveles: desde la plataforma de negociación y la cámara de compensación hasta la custodia de valores. Me preocupa que esto se llegue a plantear abiertamente en un foro y sin que salten las alarmas. Tengo la impresión personal y, digo la impresión, que han descubierto el botín pirata y que hay una guerra entre bambalinas para ver quién se queda la mejor parte.

Hace unos días ya comentaba en otro post que los clientes minoristas son cautivos de la entidad con la que tienen firmada su hipoteca, por mucho que existan neobancos con ofertas más amplias y atractivas. El sistema busca mantener al cliente cautivo de por vida, fomentando la contratación de activos de alto riesgo, poco transparentes o fallidos, que habitualmente terminan en los juzgados. Las referencias sobran: hipotecas referenciadas al IRPH, hipotecas multidivisa, fondos de pensiones, fondos de inversión con comisiones de permanencia, abusos en la custodia de valores o acciones preferentes. Curiosamente, el órgano regulador y el órgano supervisor les pillan de espaldas. Por sorprenderse luego por qué el pequeño inversor hace tiempo que ya no está en el parqué. O está litigando como puede, o ha cruzado el charco, o ya tanto le da.. Elijan ustedes ! ¿En qué trance estás tu?

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