Entre el glamour y la realidad bursátil
Cuando leí la noticia, tuve que repasarla dos veces para asimilarla. No podía creerlo. Es habitual que nos vendan un caramelo 🍬 —en este caso una futura fusión envuelta en glamour y perfume— solo por su apariencia. Me explico.
Por un lado, la CNMV busca evitar una nueva fuga de empresas del IBEX (o del Mercado Continuo, un índice ya peligrosamente dominado por la banca, un 40%), tal como ocurrió con Ferrovial. Por otro, intentan forzar una mayor conexión entre los depositarios de valores de España y EE. UU. (NYSE) para que valores como Repsol o Grifols dejen de verse lastrados por la "peninsularidad".
Pero el punto clave es el uso de los ADR (certificados de depósito) con base en la Bolsa de Nueva York para ganar liquidez. Parece que el reciente fracaso de Telefónica en esta aventura no ha servido de lección.
Si analizamos el accionariado de Puig, la realidad es aplastante: el 24% del capital está en manos de minoristas, pero solo un 5% tiene derecho a voto. Está claro que este cambio legislativo no busca favorecer al pequeño inversor. De hecho, el minorista joven hace tiempo que migró a las criptos y los ETF. Para ellos, el IBEX y los títulos de acciones suenan más a camelo 🐪 que a caramelo.
Supuestamente, este "paso de gigante" forma parte de la modernización financiera para trasponer la Directiva de la Unión Europea (EU Listing Act), que incluye reforzar el BME Growth.
Y aquí surge la pregunta inevitable: si el último informe del Banco de España revela que uno de cada tres de los jóvenes (18-34 años) invierte en criptos, divisas, índices y ETF, y opera principalmente en mercados estadounidenses, ¿no son estos cambios normativos un sinsentido? El futuro del mercado no va en esta dirección. ¡Ni hoy, ni mañana, ni pasado mañana!
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